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Dark patterns: cuando diseñas contra el usuario

Ya vi que Cinépolis rompió su checkout intencionalmente cuando se usa el código de 2x1 para Mastercard. Sin eso, el proceso de compra fluye normal.

Son unos bastardos.

Y no son los únicos. Esto pasa más seguido de lo que la industria quiere admitir.


El estado de las apps en México

Es bien sabido que hacer apps va en decadencia, pero es bien loco redescubrir —cada que hago benchmarking— la cantidad de apps mexicanas que están en un estado deplorable.

De los unicornios, que teóricamente tienen para desarrollar algo bien: hay apps que parecen hechas a las carreras, con flujos rotos y experiencias que ignoran cualquier estándar básico de usabilidad.

El problema no es falta de talento. Es falta de prioridad. Cuando el producto digital no es la prioridad del negocio, se nota. Y los usuarios lo pagan.


Diseñar para generar confianza

En el otro extremo están las funcionalidades para generar confianza y seguridad. Tardamos años en pensarlas, pero ya comienzan a aparecer.

Un ejemplo está en Instagram, donde puedes checar si ellos mismos te han enviado correos para evitar el phishing. Es una funcionalidad sencilla que dice mucho: “Te cuidamos. Verifica que somos nosotros.”

Mi único problema es que aún son funcionalidades muy escondidas, con poco factor de descubrimiento. Las personas que realmente necesitan saber de ellas —las más vulnerables al fraude— es probable que no las conozcan.


La responsabilidad del diseñador

Existe una línea muy clara entre diseñar para el negocio y diseñar contra el usuario. Romper un checkout para que la gente no pueda usar un descuento es cruzar esa línea. Esconder funcionalidades de seguridad donde nadie las encuentra es quedarse corto.

El diseño tiene la capacidad de proteger o de explotar. Y cada decisión de interfaz que tomamos dice de qué lado estamos.


TLDR — Si tu producto funciona peor cuando el usuario intenta ahorrar dinero, no es un bug. Es una decisión.


Fuentes originales