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Las interfaces no van a desaparecer con la IA

Estoy harto de la campaña de desprestigio de parte de la industria “UX” contra el diseño de interfaz simplemente porque ignoran —o devalúan intencionalmente— el significado de interfaz.

Una interfaz es nuestro puente de comunicación con las computadoras. Así de sencillo.


¿Qué es exactamente una interfaz?

Puede ser visual, auditiva, textual, táctil. Siempre que haya una capa entre un ser humano y una máquina, hay una interfaz. No es un pixel ni un botón ni una pantalla: es el concepto completo de cómo nos relacionamos con los sistemas que hemos creado.

Por eso el argumento de “las interfaces van a desaparecer con la IA” no solo es incorrecto, es una confusión de categorías. Lo que va a cambiar es el paradigma —de interfaces visuales a interfaces conversacionales, gestuales, ambientales— pero el puente entre humano y máquina nunca desaparece. Solo se transforma.

La voz es una interfaz. El chat con un LLM es una interfaz. La pantalla del Pixel Watch en tu muñeca es una interfaz. El HUD de un coche autónomo es una interfaz. Seguirán existiendo mientras existan computadoras.


La devaluación interesada

Es muy curiosa la superioridad moral con la que algunos se rigen para decidir quién es valioso y quién no en esta industria, a partir de devaluar conceptos con los que no se identifican, como si realmente no existieran argumentos para seguir glorificando la supuesta “evolución” de la disciplina.

Decir que “el diseño de interfaz va a desaparecer” es cómodo si llevas años argumentando que deberías dedicarte a la estrategia y no a la pantalla. Es un relato que justifica una posición, no una observación honesta de hacia dónde va la tecnología.


Los que saben hacer, ganan en la era del software bajo demanda

Paradójicamente, cuanto más democratizada está la generación de software, más valioso se vuelve quien sabe diseñarlo bien.

Cuando cualquier persona puede pedirle a un modelo de IA que construya una app en veinte minutos, la diferencia entre un producto mediocre y uno extraordinario no la hace la velocidad de generación: la hace el criterio de diseño de quien dirige el proceso.

Los diseñadores con ojo —los que entienden tipografía, jerarquía, comportamiento, flujo, plataforma— son los verdaderos diferenciadores en la era del software bajo demanda. No los que saben hablar de estrategia en una reunión. Los que saben qué hacer con la pantalla.


El proceso como falso ídolo

Hay una cita que resume bien el otro lado de este debate, de alguien que ha visto de cerca cómo se hace gran trabajo:

“The way I’ve seen great work made isn’t using any sort of design process. It’s skipping steps when we deem them unnecessary.”

El proceso existe para servir al resultado, no al revés. Y la obsesión de una parte de la industria con defender el proceso —los entregables, los frameworks, los diagramas— como evidencia de valor profesional, es exactamente el síntoma del problema.

El gran trabajo no nace de seguir pasos. Nace de entender profundamente el problema y tomar decisiones. A veces eso requiere un proceso complejo. A veces requiere abrir Figma y resolver.


El futuro no es menos diseño. Es diseño diferente.

Las interfaces van a mutar. Ya están mutando. El chat de texto, la voz, los gestos en el aire, las superficies físicas inteligentes: todas son interfaces que alguien tiene que diseñar bien.

Y “diseñar bien” una interfaz conversacional requiere exactamente los mismos principios fundamentales que diseñar bien una pantalla: claridad, flujo, feedback, expectativas cumplidas, momentos de deleite. Cambia el medio, no la disciplina.

El diseñador de interfaces no está desapareciendo. Está evolucionando. Como siempre lo ha hecho.


TLDR — Las interfaces no van a desaparecer. Se van a multiplicar, a mutar, a aparecer en lugares donde hoy no las vemos. Y alguien las va a tener que diseñar bien.


Fuentes originales